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La causa de la inflación: mantener gente que no trabaja

Por qué Argentina y Venezuela destruyen su moneda

★★★ tl;dr: ★★★

Mucha gente parásita viviendo de ayudas estatales en vez de trabajar, destruye la moneda, la economía de una sociedad.

caricatura
diario El Tiempo

En todos los países la población económicamente activa, PEA, es decir, quienes trabajan o buscan trabajar, es la mitad de la población; y se entiende que mantienen voluntariamente a la otra mitad de la población: niños, ancianos, amas de casa, discapacitados, el tío que nunca trabajó…

(Esto es fácil de buscar. Busca active population para países de fuera de latinoamérica, o “PEA Uruguay” p.ej. para países de habla hispana.)

Eso no ocurre en Venezuela y Argentina.

Argentina

En vez de trabajar la mitad de la población, trabaja sólo la cuarta parte.

¿Cómo sabemos?

Argentina, con una población de 44 millones, pareciera tener una PEA dentro del promedio, 20 millones:

Supuesta PEA Argentina
Fuente: Banco Mundial

Sin embargo, hurgando un poco más en los datos vemos que no hay tal…

Según otra fuente, DatosMacro.com, esa cifra incluye “inactivos”, y la cifra real sería menos de doce millones de trabajadores:

activos inactivos

Esto lo confirman datos oficiales de Argentina:

población ocupada
Tomado de trabajo.gob.ar, link directo: Población ocupada

Por lo tanto, vemos que tres cuartas partes de la población tratan de vivir del trabajo de menos de la cuarta parte. La mitad de adultos sanos, en vez de trabajar, pretende vivir del trabajo de la otra mitad.

Eso es imposible de lograr a través de impuestos; ¡nadie cederá un tercio de su salario para mantener a adultos sanos para que vivan de planes sociales!

La gente mantiene gustosa a sus familiares, no a extraños que no quieren trabajar.

Por eso esa legión de “clientes” se sostiene a través de creación de dinero, de inflación. Por eso la moneda argentina pierde cada año un tercio de su valor; eso es una inflación de más del 50% anual, ¡durante los últimos 80 años! (V. fuente)

De ahí que sea cardinal evitar los planes sociales; destruyen la moneda, destruyen los incentivos para trabajar, crean una legión de clientes dispuestos a votar por quien les regale dinero ajeno.

Venezuela

hiperinflación

En Venezuela vemos una situación similar.

La PEA en Venezuela gira históricamente en torno a sólo un tercio de la población, como indica la FAO; lo cual de por sí es bajo.

La maldición del petróleo: permite mantener a legiones de adultos vagos, que no desarrollan habilidades ni ética de trabajo.

Supuestamente hoy la población activa es alrededor del 40%, es decir, mayor que la de Argentina; pero hay que tener que buena parte de ellos son empleados públicos, que no se rigen por criterios de productividad.

De hecho, la mitad de los trabajos formales (que ganan por lo menos el salario mínimo y beneficios legales) en Venezuela son de funcionarios públicos (Fuente: El Nacional), así que en general podemos suponer que la mayoría del resto de empleos informales se dan en condiciones más precarias.

Así que la proporción se mantiene: en Venezuela, menos de un tercio de la población mantiene a más de dos tercios; eso no es sostenible, es simplemente imposible.

Si a eso le añadimos un gobierno socialista declaradamente hostil a la empresa privada, que incautaba empresas e inmuebles por deporte, se entiende que la destrucción de la moneda sea mayor.


Conclusiones

Podrá sonar duro, pero si queremos evitar la destrucción de la moneda a través de la inflación, la población debe trabajar y producir.

dole

Los planes sociales deben evitarse como la peste.

Los jóvenes deben empezar a trabajar apenas terminen sus estudios (o apenas se den cuenta que los estudios no son lo suyo).

El seguro de desempleo debe pagarse de los propios ahorros de la seguridad social del trabajador, no de los impuestos; y, por supuesto, no debe ser indefinido, como no es infinito el ahorro de un trabajador.

Debe ser fácil encontrar un nuevo empleo luego de perderlo; para ello debe ser fácil emprender, crear empresas, crear empleo.

Un empleo es siempre preferible a un plan social. NO hay que pagarle a la gente por no trabajar. Hay que facilitar la creación de empresas y empleo.

La caridad debe ser familiar, no social. Es un tema delicado: pero los hijos de madre soltera deben ser criados por la familia extendida, no por el estado a través de subsidios. Son bien conocidos los efectos nocivos de la ausencia de padre en los hijos, varones y mujeres: se correlaciona con pobreza, mayor probabilidad de consumo de drogas, convertirse en padres adolescentes, fracaso escolar, encontrones con la justicia, obesidad, suicidio...

El “papá” de los chicos no debe ser el estado. A la sociedad no le conviene que haya hijos que crezcan sin padre, por los problemas mencionados, que han sido ampliamente documentados. Estoy seguro que el lector conocerá hijos de madres solteras que crecieron como chicos y chicas de bien; pero los números son desalentadores.

No tengo todas las respuestas, ni la solución a todos los problemas; pero vistas las cifras, a la sociedad no le beneficia que crezcan millones de niños sin padre. Tampoco quiero que nadie pase hambre, o se atasque en la pobreza. Pero las ayudas sociales a los hijos sin padre se convierten en un incentivo para tenerlos, o por lo menos no disuaden (V.). Asimismo los beneficios sociales desincentivan el matrimonio (V.) y desincentivan trabajar (V. la bien documentada “Welfare Trap”). Porcentaje de hijos nacidos en hogares monoparentales, y los problemas que traen consigo, se disparan a partir del boom de ayudas sociales (V.).

Destruyen los ahorros de todos, destruyen la familia, destruyen la juventud, disuaden de trabajar... ¿No es suficiente para detestar las ayudas sociales y deshacerse de ellas)

millenial —Paguen por mi píldora anticonceptiva. Paguen por mi auto eléctrico. Paguen por mi seguro de salud. Paguen por reparar mi casa. Préstenme dinero para la universidad. Paguen mis préstamos estudiantiles. Páguenme un seguro de desempleo. Paguen mis paneles solares. Paguen por entrenarme para trabajar. Paguen mi hipoteca. Paguen mis planes sociales, paguen mi subsidio de alimentación...
—¿Tú quién eres?

Debe facilitarse la contratación de los adolescentes que quieran trabajar. Durante toda la historia de la humanidad, los adolescentes se han incorporado poco a poco al proceso productivo; recién las últimas dos generaciones consideran una abominación el trabajo adolescente.

Por supuesto que no estamos abogando porque trabajen doce horas al día en las minas. Pero muchos jóvenes saben que detestan la educación escolarizada, y no les atrae la universidad; esos jóvenes deben poder empezar a trabajar, tres, cuatro, cinco horas al día según su edad.

¿Qué les ofrecemos hoy a esos jóvenes? La estigmatización de ser un fracaso; días y días llenos de ocio, que los hace propensos a pandillas, consumo de drogas… Una sana combinación de un empleo a medio tiempo —donde aprenden destrezas y ganan experiencia y valiosas recomendaciones— más estudios a distancia o semipresenciales, más las actividades sociales que atraen a los jóvenes sin duda se adaptará mejor a sus anhelos.

En caso de niños abandonados y ancianos desvalidos, siempre hubo sociedades de beneficencia que los acogían; no quedarán en desamparo. Puede darse exenciones impositivas a quienes donen a dichas organizaciones.

Debe facilitarse la contratación de los vulnerables. Gente que migra del campo a la ciudad, con pocas destrezas; gente con discapacidad intelectual; inmigrantes recién llegados sin arraigo… Es necesario que se facilite contratarlos rápidamente sin demasiados trámites, para que se incorporen al proceso productivo y adquieran destrezas; es necesario eliminar el salario mínimo que disuade su contratación.


Si todo lo dicho ocurre con ayudas sociales a sólo un sector de la sociedad, ¡imagínense lo que ocurriría con una Renta Básica Universal! ¡El efecto destructor sería mucho peor!

Por eso dudo de las honestas intenciones de quienes insisten con esas medidas pese a la evidencia. En realidad pretenden destuir la sociedad, para volverla a construir según sus fantasías comunistas.

No se lo permitiremos.